Una de los aspectos que más ha caracterizado la administración de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México es su evidente predilección por la Fuerzas Armadas. Particularmente hacia el Ejército.

Las tareas que el mandatario ha depositado en esta institución van más allá de las propias. Van desde construcción de hospitales hasta la tan sonada presencia en las calles.

Esto es algo que sin duda ha hecho eco, a nivel internacional incluso. Varios medios globales han puntualizado esta especial característica de la Cuarta Transformación de López Obrador. El ejemplo más reciente, el británico Financial Times.

En un artículo titulado “López Obrador está convirtiendo a México en un estado militarizado”, Milena Ang, profesora asistente de la Universidad de Texas apunta a lo sorprendente que resultó la decisión de Estados Unidos de retirar los cargos por vínculos con el narcotráfico del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional en México.

El secretario de la Defensa Nacional (Sedena) de México, Luis Crecencio Sandoval (d), habla junto al presidente Andrés Manuel López Obrador (i) (Foto: EFE/Francisco Guasco/Archivo)

También plantea la gran diferencia en el discurso de López Obrador entre el caso de Genaro García Luna –exsecretario de Seguridad Pública, encerrado en EEUU por los mismos cargos– y el de Cienfuegos. Del primero, señala, el presidente ha dicho que fue el orquestador de un “narcoestado”.

Mientras que del segundo, el presidente no solo se limitó a no hacer juicios sino que hizo todo lo que estuvo en sus manos para asegurar su liberación. Incluso, según se dice, subraya que advirtió el cese de actividades de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos en México si no se retiran los cargos.

“Entonces, ¿qué tiene de diferente el señor Cienfuegos? ¿Y por qué el gobierno mexicano hizo tales esfuerzos para asegurar su libertad? La decisión aparentemente revela el continuo deseo de López Obrador de mimar al ejército, una institución que ha ido ganando poder político y financiación durante más de una década”, señala la autora.

El expresidente mexicano, Enrique Peña Nieto (c), el exsecretario de la Defensa Nacional, general de División Salvador Cienfuegos (i) (Foto: EFE/Mario Guzmán/Archivo)

Y entonces pasa a recordar como en 2009, el entonces presidente Felipe Calderón desplegó hasta 2,500 soldados en su natal estado, Michoacán, para detener el aumento de la violencia, un punto a partir de cual empezó la implementación de las fuerzas armadas en “nuevos puntos calientes” de violencia.

También menciona como la siguiente administración, la del priísta Enrique Peña Nieto siguió con esa tendencia, teniendo para 2018, su último año de presidente, a 54,000 militares en las calles de todo el país.

Entonces resalta: “Durante su campaña presidencial de 2018, López Obrador se comprometió a revertir esta escalada y ‘devolver al ejército a los cuarteles’. Sin embargo, durante los siguientes dos años, su administración expandió su alcance, colocando al ejército a la vanguardia de la seguridad pública.

En los primeros meses de su mandato, creó una Guardia Nacional , dependiente en gran medida del ejército, encargada de “prevenir el delito, preservar la seguridad pública y combatir el delito”.

Desde entonces, esta militarización se ha expandido mucho más allá de la seguridad”.

Además, advierte que la cada vez más presente actividad militar ya resultaba de por sí preocupante, señalando que la Secretaría de la Defensa (Sedena) tenía ya el récord, entre las instituciones mexicanas, de más denuncias por violación a derechos humanos por casos como desaparición forzada, tortura y ejecuciones extrajudiciales.

General Salvador Cienfuegos (Foto: REUTERS/Henry Romero)

“La liberación del señor Cienfuegos, de 72 años, sugiere que es probable que la situación empeore”, advierte el texto, refiriendo que como jefe del Ejército, se prsentaron una serie de escándalos, todos bien documentados, como el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayitzinapa, Guerrero o la matanza de 22 civiles en Tlatlaya, Estado de México, en manos de militares. “En ambos casos, los procesos judiciales prolongados y complicados empañaron cualquier posibilidad de hacer responsables a los miembros del ejército”.

Con todo lo anterior, indica la autora, el gobierno de López Obrador ha hecho todo lo posible para apaciguar a los militares protegiendo a sus altos mandos.

“En la noche del 17 de noviembre, Cienfuegos voló de regreso a México después de que se retiraran los cargos de Estados Unidos.

A su llegada, se le notificó formalmente que se había abierto una investigación en su contra. Luego se dirigió a casa.

Todo lo que queda por hacer ahora es esperar a que el Sr. Cienfuegos sea ‘investigado y, si corresponde, acusado según las leyes mexicanas’, como lo expresaron conjuntamente los gobiernos de Estados Unidos y México”, advierte insistiendo en lo preocupante que esta situación se vuelve en el contexto actual.